Mitos y curiosidades que durante años han acompañado al Cerro de Monserrate

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MITOS Y CURIOSIDADES QUE DURANTE AÑOS HAN ACOMPAÑADO AL CERRO DE MONSERRATE

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A 3.152 m s. n. m. se encuentra uno de los destinos turísticos por elección, para locales y extranjeros, en la ciudad de Bogotá: el Cerro Monserrate. Un lugar ampliamente visitado, especialmente, durante los fines de semana o en época de Semana Santa; para la realización de todo tipo de actividades, entre deportivas, gastronómicas, religiosas como para probar una forma de transporte diferente sea el teleférico o el funicular, visitar la conocida Basílica del Señor Caído y Nuestra Señora de Monserrate y apreciar una vista panorámica inigualable de la capital colombiana.

En la cima del Cerro, justo al oriente de la ciudad, se encuentra el Santuario del Señor Caído de Monserrate; lo cual significa monte en forma de dientes y que, más específicamente, lleva su nombre en honor a Nuestra Señora de Monserrate, ubicada en la ciudad de Barcelona, España.

Como un emblema cultural e histórico, considerado sagrado en la época prehispánica y a partir de la visión indígena; está rodeado de una diversidad de mitos, leyendas, rituales populares, curiosidades y acontecimientos, que se han contado de generación en generación y que, en la actualidad, se siguen manteniendo vigentes.

Los misterios que rodean al Cerro

Por un lado, siendo una de las creencias más populares en torno a Monserrate, se dice que las parejas comprometidas o con planes de casamiento que se atreven a subir, encuentran dos posibilidades en su camino: si están con una persona que no les conviene, se separarán definitivamente; por su parte, si la persona es la indicada permanecerán juntos de por vida.

No obstante, los misterios no quedan ahí. Comentan que por los cerros orientales rondan espíritus silenciosos que acompañan al Señor Caído, así como a los dioses Chibchas y Muiscas. De igual forma, los empleados de la zona especulan que en las diferentes viviendas que reposan en el cerro suceden hechos extraños: se caen los objetos o se apagan las luces, inesperadamente; por los ventanales también hacen presencia dos pequeñas, aparentemente, vestidas para una primera comunión.

Otro de los enigmas más populares surge, principalmente, durante los eventos religiosos realizados en la ciudad. Al intentar bajar la figura del Señor Caído de Monserrate, de 150 kilos y compuesta por madera, plomo y plata, presuntamente adquiere un peso superior al que tendría de regreso a su morada; sugiriendo que solo es posible movilizarlo, si él lo permite. Incluso, se ha llegado a afirmar que a la misma escultura le crece el cabello.

El volcán dormido

Existe un rumor que ha persistido, durante décadas, en el imaginario nacional; el cual indica que Monserrate es un volcán dormido, que podría entrar en erupción en cualquier momento, y su iglesia se encuentra justo sobre el cráter. Teoría que, al parecer, surge de un artículo publicado en el año 2006 por la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas y que estudiaría, precisamente, el “volcanismo presente alrededor de la Sabana de Bogotá”.

Contrario a lo que se dice, de acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano la montaña posee características distintas a las de una formación volcánica, al estar compuesta de rocas sedimentarias: producto de la acumulación de recursos como fragmentos de roca preexistentes, residuos de materia orgánica y minerales.

La actividad que, en este caso, presentarían las rocas del cerro serían de origen marino; ya que sus componentes se habrían juntado en el fondo de los mares cretácicos, hace aproximadamente 70 millones de años. Dando a entender que Bogotá y sus alrededores, en el pasado, habrían estado sumergidas en el mar.

Los siete domingos

En torno al Santuario y a sus respectivas imágenes, las personas han consolidado una serie de prácticas o actos de devoción: que van desde procesiones, novenas y vía crucis, hasta promesas de fe y penitencias.

Una de las creencias que tiene mayor recordación es la referente a la sanación de enfermos o también enmarcada en “los siete domingos al Señor de Monserrate”. Los devotos que enfrentan alguna preocupación personal, sea por motivos de salud, familiares o laborales; prometen, en su visita, realizar una peregrinación durante siete domingos hacia la figura del Señor Caído.

Dicho compromiso es acatado de diversas maneras, unas más complicadas que otras; haciendo que por el sendero que dirige al Santuario asciendan personas de rodillas o descalzas, escalen el cerro con los ojos vendados o visiten el lugar a primera hora del domingo.

La casona Santa Clara

La lujosa construcción blanca, de estilo parisino o, más específicamente, art déco; ubicada en la cima de Monserrate y en la que hoy funciona el restaurante Santa Clara, referente de la gastronomía colombiana, encuentra su origen en una diversidad de relatos.

La versión general asegura que hace más de 100 años, el señor Carlos Navarro Menéndez, uno de los hombres más adinerados de la capital y propietario original de la casa; después de una estadía de más de 20 años en París, decide trasladar la vivienda por partes en una ruta de barco con rumbo a Puerto Colombia en el Atlántico.

Desde allí, viajaría hasta Honda por el río Magdalena y sería cargada en lomo de mula para, finalmente, ser instalada en la hacienda Las Mercedes; también bajo el dominio de Navarro y ubicada en el sector que actualmente se conoce como Santa Barbara. No obstante, un relato diferente afirma que el palacio fue fabricado en la ciudad, precisamente, a partir de la influencia de la arquitectura parisina.

La muerte de su propietario, sumado a la ampliación de la carrera Séptima; ponía directamente en riesgo la permanecía de la pequeña mansión. En 1974, para conservarla, su nuevo dueño toma la decisión de movilizarla hasta el cerro. Con este propósito, fue llevada en 33.000 partes hasta el centro de Bogotá para, posteriormente, transportar cada fragmento por el teleférico y llevar a cabo su construcción en la cima, la cual finalizaría a mediados de los años 80.

El animero de Monserrate

Entre los cerca de 1605 escalones que componen el sendero y las miles de personas que lo frecuentan al mes, se encuentra Jorge Antonio Soler o mejor conocido como el ‘Animero de Monserrate’.

Soler se desempeñó, gran parte de su vida, como vendedor; de esta forma, encontró sustento para su hogar. Sin embargo, a causa del consumo de una bebida, perdería la vista.

Hoy en día, su herramienta de trabajo es el positivismo y entusiasmo; se gana la vida repartiendo ánimo y palabras de apoyo, desde las primeras horas de la madrugada, a las personas que ascienden el Cerro.

El burro parlanchín

Existe un relato local que, a pesar de haber perdido popularidad con el tiempo, tiene lugar en las faldas de la montaña. Entre las casas y fincas aledañas, caracterizadas por tener amplios espacios con pasto o sembradíos, se oculta un burro que habla y, de paso, intenta pasar desapercibido.

Algunas personas, entre lugareños y visitantes, aseguran no haberlo visto pero si odio e, incluso, notado como repite sus conversaciones.

Una hazaña sin precedentes

El 20 de diciembre de 1895, se llevaría a cabo una hazaña impresionante; cuando el equilibrista Harry Warner caminó con los ojos vendados sobre una cuerda floja de 890 metros de largo, suspendida entre Monserrate y Guadalupe, a 100 metros de altura. Convirtiéndose en un acontecimiento histórico para la acrobacia mundial y, por ende, marcando un hito memorable en la carrera del acróbata canadiense.

Es así como uno de los cerros tutelares de la ciudad, además de ser visto como un símbolo religioso, también se ha convertido en una excelente opción para el desarrollo de actividades recreativas, enfocadas sobre todo en la cultura, el turismo y el deporte.

La montaña es un escenario propicio para el desarrollo de prácticas con un nivel de exigencias más bajo como el senderismo o, en el caso de los amantes y espectadores de deportes más extremos, para el ciclismo de montaña. De hecho, Monserrate es el lugar de la carrera de Downhill Urbano más extensa del mundo: modalidad que consiste en descender por una pista natural, en el menor tiempo posible.

En 1971, también sería el set de filmación de una producción audiovisual de los cineastas colombianos Carlos Mayolo y Jorge Silva; que, a modo de documental, registraron rituales religiosos como el vía crucis y las peregrinaciones, al igual que un antiguo camino de ascenso y la huella de la naturaleza sobre el sendero natural y el santuario.

Adicionalmente, se considera un espacio ideal para la observación de fauna y flora emblemática del país. Recibiendo anualmente a colombianos y extranjeros, en distintas estaciones de observación, en torno al avistamiento de diversas especies de aves; favoreciendo la investigación científica y, especialmente, enviando a la comunidad un mensaje en favor de la conservación.

El Cerro de Monserrate ofrece a sus visitantes un panorama inefable, de amaneceres y atardeceres, que contempla a la ciudad de Bogotá, los cerros orientales y las formaciones montañosas de la cordillera central. Dando vida a uno de sus relatos más significativos, que manifiesta que entre la ciudad y el Cerro se encuentra un punto en el que el sol marca la ruta hacia El Dorado.